Educación: Contigo, papel y cola.
Por Ana Lía Zamorano
Invitar a los títeres como ayudantes del maestro es una buena decisión. Los alumnos experimentarán una forma de aprendizaje no formal, que puede generar una experiencia rica en posibilidades.
Los títeres son amigos con los que juegan los niños y las niñas y en esta relación entran en contacto con las artes plásticas, manualidades, literatura, música, desarrollo de la motoras finas, desarrollo de lenguaje, capacidad de sociabilizar con los compañeros, potenciar la creatividad, etc. Con los títeres todo es un juego y una vivencia académica, en el más amplio sentido de la palabra. Pero,…
Debe tenerse en cuenta que el involucrar a estos divertidos amigos también presenta algunos retos a superar. Este laboratorio necesita partir de algunas consideraciones, para que la experiencia sea fructífera y permita el crecimiento y maduración del recurso educativo.
Los factores a tomar en cuenta, sin que medie un orden de prioridad son:
El espacio dónde se desarrolla la actividad
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Los materiales a utilizar
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La organización del tiempo
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La dinámica que utilizamos para involucrar a los estudiantes.
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La experiencia del conductor del laboratorio creativo.
Todos ellos factores importantes, aunque no determinantes de los buenos resultados de la experiencia. Es más, podemos estar seguros de que alguno o varios pueden ser imperfectos en nuestra realidad. ¡En el aula no existe la situación idea!
La buena noticia es la confianza en nuestra capacidad de adaptarnos a las circunstancias, nuestras respuestas imaginativas y nuestro entusiasmo.
Tomemos por ejemplo uno de los aspectos más críticos de este laboratorio: El Tiempo. Cuando queremos construir un títere, el tiempo disponible no siempre es idóneo y nos vemos obligados a elegir determinados materiales y técnicas para terminar la obra a tiempo. Supongamos que tenemos una o dos lecciones, podemos tomar objetos cotidianos como una verdura, una “papa” para darle una identidad, caracterizarla, crear o recrear una historia y llevarla a “escena”. Así, el tiempo que tenemos, es invertido en el proceso total de trabajo creativo desde el momento que escogimos la experiencia con los estudiantes hasta que se concluyó con la presentación final.
En esta propuesta elemental necesitamos:
Fuera de clases, un tiempo para :
Durante las clases, un tiempo para:
Jugar con los materiales
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Construir el títere o el personaje (objeto animado).
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Para jugar con los nuevos personajes ( individual o grupal)
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Jugar a contar la historia con los títeres ( grupal )
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Presentación de la obra.
A la par del tiempo y como un tema de mi especial interés y experiencia, agrego que en este proceso de trabajo, no debe olvidarse que es fácil caer en la trampa de desfigurar la tarea del conductor de la actividad cuando se le impone a los estudiantes como deben ser los personajes, por ejemplo: si el estudiante escogió definir “una boca” con botones o cordones (finos o gruesos) o simplemente la dibuja, indistintamente del resultado y gusto del conductor, es indispensable respetar su elección. El maestro (a) es un orientador o guía, motivando y no inhibiendo la expresividad de sus pupilos.
Por otro lado, los educadores animarán a los niños al aprovechamiento del tiempo con motivación a la búsqueda de soluciones a los problemas de construcción, a la colaboración y participación en grupo de modo que se obtenga el mejor clima de trabajo para potenciar las capacidades de expresión, de escucha y de interacción entre ellos. Esto permitirá avanzar a la última etapa del trabajo: la exposición de los personajes y propuesta de la historia. En todo este proceso no debemos perder de vista que el objetivo del proyecto, no se trata de transformar a los niños en “expertos titiriteros” sino de incorporar a los títeres comos recurso divertido con propósitos académicos. Pueden estar seguros que este propósito será transcendido en el proceso y los logros irán mucho más alla de lo imaginado,… pero la conclusión final de la experiencia se la dejo a ustedes.
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